¡Hace daño ver de cerca la TV! (y más mentiras que hemos dicho de los aparatos)


Casi toda tecnología novedosa ha sido recibida con miedo al principio. Hoy no podríamos imaginar cómo habría sido el mundo sin la imprenta de Gutenberg o sin la cámara fotográfica, pero en el momento de su aparición esos dos inventos fueron recibidos con desconfianza. Se decía que la imprenta le quitaría su valor a los obras escritas y que la cámara acabaría con la privacidad de las personas. Hoy esas quejas nos suenan muy extrañas, pero lo cierto es que después de esos tiempos siguió habiendo quien inventara cosas sobre cada nueva invención.


La invasión marciana en radio

Una leyenda muy conocida dice que cuando Orson Welles hizo el programa de radio La guerra de los mundos, en 1938, los radioescuchas pensaron que se trataba de una verdadera invasión extraterrestre.

En palabras del entonces director de CBS, la cadena que transmitió el programa, "pocos lo escucharon y esos pocos lo tomaron como una broma". También se tiene el rating del programa, que confirma lo dicho por el director de CBS.

¿Por qué es tan conocida y creída la leyenda de los radioescuchas engañados? En esa época muchos anunciantes dejaron los periódicos y empezaron a ofrecer sus productos en la radio. Esto no le gustó a los periódicos, que aprovecharon cada oportunidad para decir que la radio no era un medio confiable. Así que algunos periódicos publicaron que Welles había engañado a los radioescuchas y a partir de ahí la leyenda siguió creciendo.


El primer tren de película

Esto no sólo lo has escuchado sino que probablemente en tu país lo cuentan como historia local: el público salió huyendo la primera vez que vio un tren en el cine. La versión original de esta leyenda se refiere a las funciones (o "vistas", como las llamaban entonces) de los hermanos Lumière en 1896.

Se sabe que la proyección se hizo en una pantalla de poco más de dos metros de largo. Si a esto agregamos que no había sonido entenderemos que hubiera sido difícil tomar esa imagen en movimiento por una amenaza.

Es más probable que la leyenda surgiera en periódicos pocos años después, para hacer sentir sofisticados a sus lectores por no asustarse con las películas.


¡No veas la tele tan cerca!

Por todo el mundo se ha hecho esta advertencia a los niños, y aunque ver una pantalla por horas puede producir vista cansada, el daño sólo llega hasta ahí.

La mala fama de este aparato la produjo un solo modelo fabricado en 1967, que sí producía demasiada radiación. El problema fue resuelto pronto y los televisores dañinos fueron recogidos por el fabricante.

De todos modos, la mala fama de este aparato duraría décadas, y continúa en muchos hogares del mundo, quizá porque no somos tan modernos como el público de Welles y de los hermanos Lumière.

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